REVOLUCIÓN EN AMÉRICA LATINA
En América Latina, sólo dos revoluciones se tomaron el poder por las armas contra dos dictaduras militares: la cubana de los Castro y la nicaragüense de los sandinistas.
Castro hizo, para consolidarla, lo que tenía que hacer según su pensamiento marxista-leninista: cambiar el sistema, aclimatar el nuevo orden político y económico, y controlar el mando sin jugar a la democracia burguesa.
Otros experimentos revolucionarios en democracias más o menos estables llegaron al poder por la vía electoral, pero tan pronto descubrieron los militares, anticipándose a un eventual cambio de sistema, que los presidentes tapaban una tendencia totalitaria con un capirote democrático, los derrocaron: a Arbenz en Guatemala, a Goulart en el Brasil y a Allende Chile
Daniel Ortega, embriagado por diez años de mandato cuasi absoluto, quiso jugar a la democracia burguesa y lo aplastó la señora Violeta Chamorro.
El último de los revolucionarios electoralistas que venció en comicios libres a un partido tradicional, y superó con éxito un golpe de Estado extraño, fue Hugo Chávez.
Murió sin despojarse por completo del capirote (lo divertían las leyes habilitantes y las trampas electorales), pero se pifió al escoger un heredero inferior a las espirales del desabastecimiento y la inflación, apto para las represiones, las mordazas al periodismo y los carcelazos a los disidentes, y diligente para los halagos de la corrupción.
Excepto un dictador con más parásitos que neuronas, un político de pies en tierra hubiera propiciado, después de la paliza electoral del 6 de diciembre, una amnistía para los presos políticos y un pacto con la oposición para devolverle su centro de gravedad a una nación anarquizada por el irreflexivo socialismo del siglo XXI, con el padrinazgo involuntario del Libertador. Pudo más la parasitosis.
El aturdido señor Maduro supuso que un derrotado puede actuar de triunfador, como si su gobierno no hubiera perdido el dominio del órgano que legisla y que lo controla políticamente, confiado en que le bastaría la complicidad de una Corte Suprema abyecta para deslegitimar la Asamblea Nacional. Jamás comprenderá que el tiempo no se estanca en las cisternas.
Andar en los rines de la fracasada revolución bolivariana es ignorar que, salvo si las energías populares sucumben al terror, no hay dogma político ni ideología inflexible que dobleguen a un pueblo en pie de lucha por sus libertades y derechos, como el de Venezuela. El “demos”, así como sale a votar si está bien gobernado, también sale a rasparse los lastres cuando lo oprimen y lo hambrean. Nada aconseja renunciar a la democracia sin Telón de Acero y en plena hegemonía global del capitalismo.
Otros experimentos revolucionarios en democracias más o menos estables llegaron al poder por la vía electoral, pero tan pronto descubrieron los militares, anticipándose a un eventual cambio de sistema, que los presidentes tapaban una tendencia totalitaria con un capirote democrático, los derrocaron: a Arbenz en Guatemala, a Goulart en el Brasil y a Allende Chile
Daniel Ortega, embriagado por diez años de mandato cuasi absoluto, quiso jugar a la democracia burguesa y lo aplastó la señora Violeta Chamorro.
El último de los revolucionarios electoralistas que venció en comicios libres a un partido tradicional, y superó con éxito un golpe de Estado extraño, fue Hugo Chávez.
Murió sin despojarse por completo del capirote (lo divertían las leyes habilitantes y las trampas electorales), pero se pifió al escoger un heredero inferior a las espirales del desabastecimiento y la inflación, apto para las represiones, las mordazas al periodismo y los carcelazos a los disidentes, y diligente para los halagos de la corrupción.
Excepto un dictador con más parásitos que neuronas, un político de pies en tierra hubiera propiciado, después de la paliza electoral del 6 de diciembre, una amnistía para los presos políticos y un pacto con la oposición para devolverle su centro de gravedad a una nación anarquizada por el irreflexivo socialismo del siglo XXI, con el padrinazgo involuntario del Libertador. Pudo más la parasitosis.
El aturdido señor Maduro supuso que un derrotado puede actuar de triunfador, como si su gobierno no hubiera perdido el dominio del órgano que legisla y que lo controla políticamente, confiado en que le bastaría la complicidad de una Corte Suprema abyecta para deslegitimar la Asamblea Nacional. Jamás comprenderá que el tiempo no se estanca en las cisternas.
Andar en los rines de la fracasada revolución bolivariana es ignorar que, salvo si las energías populares sucumben al terror, no hay dogma político ni ideología inflexible que dobleguen a un pueblo en pie de lucha por sus libertades y derechos, como el de Venezuela. El “demos”, así como sale a votar si está bien gobernado, también sale a rasparse los lastres cuando lo oprimen y lo hambrean. Nada aconseja renunciar a la democracia sin Telón de Acero y en plena hegemonía global del capitalismo.
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-GABRIELA PAIPA 11-3
Dictaduras en América
Latina
Gobiernos autoritarios y golpes de estado se sucedieron en
varios países latinoamericanos durante la segunda mitad del siglo XX
Durante
la segunda mitad del siglo XX, América Latina se
convirtió en el campo de juego de Estados Unidos y la Unión
Soviética.
Estas
dos potencias quedaron enfrentadas tras la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) y, durante décadas,
intentaron imponer
su modelo político a otros países: el sistema capitalista frente al modelo comunista.
Para
expandir su influencia, Estados Unidos y la Unión Soviética trataron de
establecer gobiernos
aliados en varios países, sin importarles la legitimidad de estos
regímenes. Esto dio lugar a dictaduras como la de Augusto
Pinochet en Chile, que usaron la violencia, la represión y la censura para mantenerse en el
poder.
Argentina:
Jorge Rafael Videla (1976-1981)
El general Jorge Rafael Videla llegó al poder a través de un golpe de estado en 1976 y gobernó en Argentina hasta 1981. Durante esos años se produjeron miles de desapariciones forzadas, asesinatos de civiles y quema de libros opositores.
El
dictador contó con el apoyo del gobierno estadounidense para
mantenerse en el poder y evitar la expansión del comunismo en el continente.
Cuando
se restauró la democracia en 1983, Videla fue denunciado por violación de derechos
humanos, juzgado y condenado por crímenes de lesa humanidad.
Paraguay:
Alfredo Stroessner (1954-1989)
El general Stroessner lideró un golpe de estado en 1954 y se convirtió en presidente de Paraguay. Su gobierno estuvo sometido a las directrices de Estados Unidos y llevó a cabo una campaña anticomunista en el país.
Bajo
su mandato fueron asesinadas entre 3.000 y 4.000 personas,
se abolió la libertad de prensa y la libertad política.
Stroessner
fue depuesto
en otro golpe de estado que tuvo lugar en 1989.
Sin embargo, nunca fue juzgado ni condenado por sus crímenes: tras el golpe de
estado se exilió en Brasil, donde murió en 2006.
Bolivia:
Hugo Banzer (1971-1978)
Banzer también llegó al poder a través de un golpe de estado e instauró una dictadura con el apoyo de Estados Unidos. Bolivia fue uno de los países que colaboró en la Operación Cóndor, un plan ideado por Estados Unidos para instaurar gobiernos afines en Latinoamérica.
La
dictadura boliviana persiguió y encarceló a los opositores políticos e
ilegalizó partidos y sindicatos. El malestar social y los problemas económicos
forzaron un nuevo
golpe de estado en 1978, pero Banzer
nunca llegó a ser juzgado por sus crímenes.
En
1997, después de presentarse varias veces a las elecciones, ganó los comicios y
se hizo con la presidencia
de forma democrática.
Nicaragua:
Familia Somoza (1934-1979)
Entre 1937 y 1979 Nicaragua fue gobernada por tres miembros de la familia Somoza: Anastasio Somoza García, su hijo mayor Luis Somoza Debayle y su hijo menor Luis Somoza Debayle.
Los
tres gobernaron siguiendo los intereses de Estados Unidos y
eliminaron cualquier oposición a través de la Guardia Nacional, un cuerpo
miliar armado por el gobierno estadounidense. Durante 40 años, los Somoza
sometieron a la población y amasaron una gran fortuna familiar.
La
dictadura nicaragüense terminó en 1979 con la Revolución Sandinista, que desde los años 50 luchaba contra el régimen dictatorial de
los Samoza.
Haití:
François Duvalier (1957-1971)
François Duvalier gobernó en Haití entre 1957 y 1971. A pesar de que llegó al poder de manera democrática, al año de convertirse en presidente suspendió todas las garantías constitucionales y en 1964 se autoproclamó presidente vitalicio.
Para
mantenerse en el poder, Duvalier ordenó perseguir y asesinar a sus
opositores políticos. Se calcula que más de 30.000
personas murieron durante su mandato. Cuando murió en 1971, Haití era el país más pobre de América
Latina.
Cuba:
Fulgencio Batista (1952-1959) y Fide Castro (1959-2008)
Fulgencio Batista gobernó en Cuba en varios periodos, pero en el último (1952-1959) lo hizo de manera dictatorial. Suspendió los derechos constitucionales y aprobó diferentes leyes para favorecer los intereses de Estados Unidos.
La
dictadura de Batista terminó en 1959 con la Revolución Cubana,
liderada por Fidel
Castro. El nuevo gobierno impuso el sistema comunista y
rompió relaciones con Estados Unidos.
Al
cabo de los años, Castro impuso su propio régimen dictatorial: estableció un partido único, controló todos los medios de
comunicación y eliminó cualquier tipo de disidencia en la isla.
Guatemala:
Carlos Castillo Armas (1954-1957)
Carlos Castillo de Armas lideró un golpe de estado contra el gobierno de izquierdas de Jacobo Arbenz. Castillo contaba con el apoyo de los Estados Unidos, ya que muchas empresas norteamericanas tenían monopolios de cultivos en el país.
Durante
la dictadura se prohibieron los partidos políticos, los comités agrarios y los
sindicatos y se anuló la Constitución de 1945. También se puso en marcha
una persecución
contra intelectuales comunistas.
República
Dominicana: Rafael Leónidas Trujillo (1930-1961)
Rafael Leónidas Trujillo ocupó el cargo de presidente entre 1930 y 1961, cuando fue asesinado. Gobernó durante 31 años de forma represiva, eliminó los derechos civiles y cometió múltiples violaciones de derechos humanos.
Trujillo
impuso un sistema de partido único y tomó el mando del ejército para evitar
cualquier sublevación. Se calcula que más de 50.000 personas fueron asesinadas durante su mandato.
Fue
asesinado en 1961 en una emboscada con el beneplácito de Estados Unidos, por temor a que sus crímenes y el malestar social pudieran
desembocar en una revuelta comunista.
Mapa de las dictaduras en América Latina
-DIANA PABÓN 11-3
Esta práctica fue establecida en Latinoamérica en general, fue un correlato de las tres principales dictaduras del cono sur de América, me refiero a Uruguay, Chile y Argentina respectivamente. Los proceso argentino y uruguayo tiene semejanzas, variaciones en el escenario para la llegada de los golpes de estados y también las formas aplicación del modelo dictatorial.
El caso Uruguayo En Uruguay el golpe ocurre el 27 de Junio de 1973 pero la situación que antecede al inicio “oficial” de la dictadura es con la agudización de la violencia política que se inician en los años 60s. La irrupción de la lucha armada como camino de transformación impulsada por algunas organizaciones políticas, como fue el caso del Movimiento de Liberación Nacional- Tupamaros (MLN), se inscriben en un clima de agitación revolucionaria que inquieta las esferas del poder económico en Uruguay, además, las movilizaciones sociales eran crecientes y fueron acompañadas por un proceso de unidad sindical y de la izquierda uruguaya. Estos procesos tienen su punto máximo con la formación de la Convención Nacional de Trabajadores en 1964 y del Frente Amplio en 1971.
Desde la otra perspectiva el estado uruguayo fue extendiendo y profundizando las practicas represivas a tal punto que algunos autores como José Rilla ( historiador Uruguayo) califica el periodo como “La agonía de la Instituciones”. En enero de 1972, Juan María Bordaberry asumía la presidencia de la República como el nuevo presidente electo. El 14 de abril del mismo año, Los Tupamaros lanzan un plan de ofensiva contra el grupo de ultra derecha “Escuadrón de la Muerte”. Luego de una jornada sangrienta que termina con 11 personas asesinadas; el Parlamento declaró el “Estado de Guerra Interno” que se extendió hasta el 10 de julio de 1972 con la aprobación de “Ley de Seguridad del Estado” (que estará vigente durante toda la dictadura). De esta manera quedaban suspendidas las garantías individuales hasta la década del 80.
En febrero de 1973 se produce una discrepancia entre Bordaberry y los militares por el nombramiento del ministro de defensa Gral. Antonio Francese, la tensión llega a su fin “Pacto de Boisso Lanza” entre el presidente y las fuerzas armadas. En el mismo acuerdo se estipuló la creación del Consejo de Seguridad Nacional (COSENA), integrado por el Presidente, algunos ministros, los Comandantes de las tres ramas del ejercito y el Jefe del Estado Mayor Conjunto. La presencia de las Fuerzas Armadas en la vida política uruguaya quedaba institucionalizada. Días antes del golpe de estado un grupo de empresarios e inversionistas extranjeros habían mantenido reuniones de trabajo con representantes de los militares donde plantearon la “despolitización de los obreros, terminar con las huelgas y privatizar el sector público”, de esta manera los militares ya se forman un proyecto económico que aplicar.
En la madrugada del 27 de junio, el Presidente Juan María Bordaberry firmó, junto a los Ministros de Defensa e Interior, el decreto de disolución del Parlamento. De esta manera es el presidente electo constitucionalmente quien ejecuta un acto golpista se transforma en dictador de facto. No existió un vacío legal, sino que se presentó una continuidad y unidad en el poder estatal.
La respuesta de los Trabajadores (CNT) fue inmediata y la Huelga General fue declarada el mismo 27 de junio, procediéndose a la ocupación de los lugares de trabajo. Esta medida fue acompañada por la Federación de Estudiantes Universitarios del Uruguay impulsando la paralización de las actividades curriculares y la ocupación de los centros de estudio. La respuesta del gobierno no se hizo esperar y el 30 de junio se emitió el decreto de disolución de la CNT y el arresto de dirigentes sindicales y estudiantiles.
Posteriormente, el número de militares que comenzaron a ocupar cargos en el aparato estatal fue aumentado considerablemente. Este proceso de “militarización” implicó que integrantes de las Fuerzas Armadas fueran designados como interventores de distintos Entes Autónomos y para distintos cargos dentro de la administración pública. Estas medidas se enmarcan dentro de una política de control y vigilancia de la sociedad civil comprendida dentro de la lógica de combate al enemigo interno o doctrina de Seguridad Nacional.
Como mecanismo para fortalecer la idea de un proyecto nacional, 1975 fue fijado como el “Año de la Orientalidad” donde se inicia la aplicación del programa económico neo liberal y comienzan a manifestarse las primeras divergencias entre los militares y el presidente Bordaberry. Los militares zanjan el problema nombrando en la presidencia Alberto Demicheli, y las elecciones previstas para el año 1976 fueron suspendidas. Se creó el Consejo de la Nación, integrado por el Consejo de Estado y la Junta de Oficiales Generales y que, entre sus facultades, poseía la potestad de designar al Presidente así como a los miembros del Consejo de Estado y de otros ámbitos gubernamentales de extrema importancia. Pocos meses después, el 1º de setiembre de 1976, la presidencia de la República pasó a manos de Aparicio Méndez.
En materia económica y para atraer a los capitales extranjeros se implementaron diversas medidas: se promulgó la Ley de inversiones extranjeras, se promovió la reducción del costo de la mano de obra y se dio inicio a un intenso proceso de liberalización y apertura del sistema financiero uruguayo . Uno de los objetivos estratégicos del equipo económico de la dictadura era transformar al país en una plaza financiera, y para ello era necesario generar un clima económico favorable donde reinara la estabilidad y el orden, de esta forma, la estrategia represiva era esencial para la dictadura uruguaya con encarcelamiento masivo y prolongado, personas procesadas por la Justicia Militar mientras que otras miles pasaron por los centros de reclusión o de detención bajo el régimen de “Medidas Prontas de Seguridad” o con motivo de ser interrogados.
La tortura fue un elemento constante del régimen y se aplicó de forma rutinaria a los detenidos ya fuera en los establecimientos destinados para el encarcelamiento o en los centros clandestinos de detención. Las prácticas de tortura no sólo implicaban el daño físico sino que también apuntaban al debilitamiento sicológico de las víctimas, contando para ambas funciones con profesionales de la medicina que prestaban sus servicios a la dictadura.
Para el final se desencadenó una de las peores crisis económicas de la historia del Uruguay que develó las insuficiencias del modelo económico de la dictadura y la persistencia de “desequilibrios que llevaban deterioro de los ingresos reales de los trabajadores e inestabilidad en la seguridad social".
En 1980 los militares y la dictadura de Uruguay realizan un plebiscito para modificar la Constitución y, de esa manera, legitimar la dictadura. El proyecto fue rechazado por la población por un 56% de los votos, esto desencadenó el proceso de apertura del régimen que pacto una transición tutelada hacia una democracia, tutela que termina en 1985 con la elección de Julio María Sanguinetti que fue uno de los actores más importantes de las negociaciones con los militares en la transición hacia la democracia.
JENNIFER VERA ÁLVAREZ 11-3
LA DICTADURA DE LOS SOMOZA (1937-1979)
ANTECEDENTES
En 1912, a petición del entonces presidente de
Nicaragua, las fuerzas militares de EE.UU invadieron el país y mantuvieron la
ocupación hasta 1925. El líder nacionalista Augusto César Sandino organizó un
ejército para oponerse a la ocupación. Tras seis años EE.UU retiró sus fuerzas.
El 1 de enero de 1933 ya no había
ningún soldado estadounidense en suelo nicaragüense, pero en 1930 los EEUU
habían formado un cuerpo propio de seguridad, la Guardia Nacional, a cuyo
frente quedó, a la salida de los soldados de EEUU, Anastasio Somoza García. El
21 de febrero de 1934 la Guardia Nacional, asesina a Sandino, quien había
luchado contra la intervención estadounidense y había sido el líder
indiscutible de la oposición.
DESARROLLO
Mediante un golde de
Estado en 1936, Somoza García destituyó a Juan B. Sacasa, afianzando su poder,
el cual “legitimó” mediante unas elecciones dudosas en las que resultó ganador.
Asumió la presidencia en 1937, contando con el respaldo del Partido Liberal, la
Guardia Nacional y el gobierno de EE.UU.
A partir de este momento, los Somoza permanecen en el
poder a través de diferentes procedimientos que van desde el golpe de Estado y
los pactos acompañados de constituyentes de donde sacan disposiciones
transitorias para alargar el periodo presidencial o servir de puente a otro
periodo, hasta los fraudes electorales, la burda colocación de elementos de su
familia y de su absoluta confianza en el Ejecutivo y los demás poderes,
reservándose siempre para un Somoza el control del Ejército.
El gobierno de Somoza García se caracterizó por el apoyo a los intereses de
EE.UU, el mantenimiento del orden mediante la represión y el clientelismo.
Apoyó su gestión mediante el control del Ejército, la burocracia y la alianza
con las clases dominantes. Progresivamente, la familia Somoza fue aumentando su
poderío económico hasta convertirse en un monopolio que controlaba la mayor
parte de la agricultura, el comercio y la industria.
En 1956, Somoza García fue asesinado por el poeta Rigoberto López Pérez. La
transición del poder a sus hijos, Luis y Anastasio, se dio de forma sangrienta.
Luis Somoza asumió la presidencia con otras elecciones fraudulentas en 1957,
prolongando la dictadura hasta 1963.
Paralelamente, en 1961 surge el Frente Sandinista de
Liberación Nacional, que recogía los ideales de Augusto Sandino.
En 1963, los Somoza cedieron el
poder ejecutivo al liberal René Shick, pero manteniendo un celoso control del
aparato estatal a través del Partido Liberal (con Luis Somoza a la cabeza) y la
Guardia Nacional (bajo la dirección de Anastasio Somoza Debayle). Sin embargo,
a principios de 1967, Anastasio Somoza Debayle se proclama presidente del país,
en elecciones amañadas cuya campaña culminó con la sangrienta masacre del 22 de
enero, en la que fueron asesinados unos cuatrocientos ciudadanos en la ciudad
de Managua.
CRISIS Y FINAL
Nuevamente en 1971, la dictadura
recurre a un pacto político para limar asperezas con la oposición y recobrar su
legitimidad perdida. Como resultado del pacto, se da una forma original de
gobierno a través de un triunvirato de dos años (sin la presencia de Somoza
pero con control por parte de este del Estado y la Guardia Nacional), que
reforma la Constitución. Durante este periodo, el país es sacudido por el
terremoto de 1972 en Managua, en el que murieron más de 10.000 personas. Ante
la débil respuesta del gobierno se dieron diversas manifestaciones, mientras
los Somoza se apropiaron de las ayudas internacionales, dando lugar al más
increíble periodo de corrupción estatal y empobrecimiento de las masas en la
historia de Nicaragua.
- Una vez terminado el periodo del triunvirato y reformada la Constitución, Somoza logra reelegirse fraudulentamente de nuevo en 1974, ante el más amplio repudio popular y con una dura represión hacia la oposición. La dictadura empezó a perder apoyo de la burguesía y del gobierno de EE.UU, mientras las grupos opositores empezaban a organizarse y a dar varios golpes; a lo anterior se le sumó una profunda crisis económica. A mediados de los 70 el FSLN contaba con apoyo de la Iglesia, la burguesía media y la población civil en general, lo que les permitió consolidarse.18. En marzo de 1979 las facciones sandinistas se unieron y llamaron al pueblo a una ofensiva final, dando inicio a la Revolución Sandinista; Somoza Debayle, con el enfrentamiento perdido, abandonó el país el 17 de julio de 1979. El FSLN entró a Managua el 19 del mismo mes, dando fin definitivo a la dictadura de los Somoza, y estableciendo una Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional.
Guerra de la contra, Nicaragua
Contrarrevolución nicaragüense | ||
---|---|---|
![]()
Bandera de la Contra, RN significa Resistencia Nicaragüense
| ||
Operacional | 1980 - 1991 | |
Liderado por | Enrique Bermúdez Varela, Adolfo Calero | |
Objetivos | Derrocar al gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional. | |
Regiones activas | ![]() ![]() | |
Ideología | Anticomunismo | |
Estatus | Desmovilización y conversión a partido político cuando el gobierno de Violeta Chamorro tomó el poder |
Contras o contra,
acortamiento de contrarrevolucionarios, también autodenominados
como Resistencia Nicaragüense, es el nombre dado a los grupos de
insurgentes financiados por Estados Unidos que
intentaron acabar con el gobierno revolucionario (1979-1990) del Frente
Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), que
gobernó Nicaragua luego del
derrocamiento de la dictadura de Anastasio Somoza y
su familia en julio de 1979.
Revolución sandinista
Revolución Sandinista. Proceso
protagonizado por los sandinistas que dio comienzo en 1978, por medio del cual se
puso fin a la dictadura ejercida en Nicaragua por la familia Somoza, a la cual
se reemplazó por un gobierno de izquierdas.
Revolución Popular Sandinista | ||
---|---|---|
Parte de Guerra Fría | ||
![]()
De arriba abajo y de izquierda a derecha: Ingreso de guerrilleros a la ciudad de León; civiles víctimas de las ejecuciones realizadas por la Guardia Nacional de Nicaragua; guerrillero con un una RPG-2 apuntando a un objetivo; un espía pro-Somoza capturado por miembros sandinistas; bombardeos realizados por la fuerza aérea de la Guardia Nacional y posteriores consecuencias como la destrucción de pueblos tomados por los guerrilleros.
| ||
Fecha | 19 de julio de 1979 - 25 de febrero de 1990 (10 años, 7 meses y 6 días) | |
Lugar | Nicaragua | |
Resultado | Victoria militar del FSLN | |
Consecuencias |
|
La Revolución
La rebelión fue
encabezada por fuerzas de la guerrilla de izquierdas, el Frente
Sandinista de Liberación Nacional, que contó con un amplio respaldo
popular, depuso al corrupto dictador Anastasio Somoza
Debayle, hijo de Anastasio Somoza, y tomó el poder en julio de 1979.
Los nuevos gobernantes trataron de introducir cambios políticos, sociales y
económicos. El gobierno revolucionario consiguió llevar a cabo parcialmente la
reforma agraria y estableció programas de alfabetización y un plan sanitario;
sin embargo, su gestión se vio obstaculizada por su inexperiencia, los graves
problemas económicos y la fuerte oposición de Estados Unidos.
A mediados de la
década de 1980, los esfuerzos del gobierno estuvieron
dedicados casi por entero a combatir a los rebeldes contrarrevolucionarios (la
llamada contra) que, apoyados por Estados Unidos, intentaron tomar el poder.
En 1990, cuando el país se hallaba al borde del colapso
económico, los sandinistas perdieron las elecciones generales; esto supuso el
fin de un experimento revolucionario que, sin embargo, dejó una profunda huella
en el país.
Orígenes del
Sandinismo
Frente Sandinista de
Liberación Nacional. El Frente Sandinista de Liberación
Nacional (FSLN) es un partido político de Nicaragua, fundado en su origen como
una organización política-militar de izquierda en 1961 por Carlos Fonseca
Amador, Santos López, Tomás Borge, Silvio Mayorga y Germán Pomares Ordóñez,
entre otros.
CÉSAR SARMIENTO 11-3
La Revolución cubana es el principal resultado del movimiento revolucionario cubano de izquierda que provocó la caída del régimen del dictador Fulgencio Batista, y la llegada al poder del líder del Ejército guerrillero, Fidel Castro. Como los revolucionarios continúan en el poder desde entonces, se considera a la revolución como el período comprendido entre el alzamiento contra Batista y la actualidad.45
La Revolución cubana ha representado un evento importante en la historia de América al ser la primera y con más éxito de varias revoluciones de izquierdas que sucedieron en diversos países del continente. El régimen resultante de la revolución —considerado por organizaciones como Amnistía Internacional como autoritario y restrictivo67— ha mantenido el gobierno en el país a pesar de la enorme cantidad de adversidades, manteniéndose a flote incluso luego de la caída del bloque socialista. Se le ha acusado de violar algunos derechos como la libertad de expresión o la libertad de circulación,8, y sus simpatizantes señalan como logros principalmente al sistema de salud y el sistema educativo público y gratuito. Estados Unidos mantiene un embargo económico a la isla desde principios de los años 1960. Esta política es considerada como «bloqueo económico» en el marco de las Naciones Unidas y rechazada cada año por la Asamblea General de esa instancia internacional que vota a favor de una resolución denominada Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero impuesto por los Estados Unidos contra Cuba. A pesar de la presión internacional, Estados Unidos sigue justificando su política anteponiendo la existencia de numerosas denuncias de violaciones de los derechos humanos en la isla. Tanto la persistencia estadounidense en las sanciones unilaterales contra Cuba como los efectos que esto trae a su población quedan reflejados en múltiples resoluciones de las Naciones Unidas desde el año 1992.
Antecedentes
Después de las tendencias reformistas y autonomistas de notables pensadores criollos, como José de la Luz y Caballero y Félix Varela, los pensadores más progresistas del siglo xix llegaron a la conclusión de que solamente la independencia de Cuba podría reivindicar a su población. A pesar de las advertencias de autonomistas cubanos (Rafael Montoro; Domingo del Monte) y de políticos y militares españoles como Práxedes Mateo Sagasta y Arsenio Martínez Campos, de la utilidad del estatus de autonomía para Cuba, en aras de no perderla totalmente, el gobierno de Cánovas llevó a cabo una política empecinada y burocrática de extorsión y extremismo con la isla caribeña.
Antecedentes latinoamericanos
los antecedentes generales de revolucionarios latinoamericanos se remontan a la Revolución de Octubre en Rusia a raíz de la cual se crearon numerosos partidos de ideología socialista y comunista en todo el subcontinente. En Argentina se desarrolló la corriente del «socialismo espiritual», entre cuyos ideólogos se destacó el sociólogo y psicólogo social José Ingenieros. El acercamiento a la Unión Soviética, sumado a la presión de las propias capas oprimidas de la población (como las masas campesinas),9 influyeron fuertemente en el camino socialista de la Revolución cubana. El 19 de abril de 1958, Fidel Castro dijo a los estadounidenses en un entrevista en Sierra Maestra «nosotros no somos comunistas»,10 si bien unos años después, en un discurso proclamado el 22 de diciembre de 1961, sostenía que «seremos siempre marxista-leninistas».11
Los antecedentes más inmediatos de la Revolución Cubana se encuentran en los «diez años de primavera» de Guatemala (1944-1954), y en el gobierno de Juan Domingo Perón en Argentina (1946-1955).12
En 1944, en Guatemala, un movimiento estudiantil encuadrado en el amplio movimiento de la Reforma Universitaria latinoamericana derrocó al dictador Ubico y, poco después, se produjo un golpe de Estado de militares progresistas que impuso un sistema democrático por primera vez en la historia guatemalteca, resultando electo presidente Juan José Arévalo. Arévalo, un educador formado en la Argentina que estaba ligado a una ideología que él denominaba «socialismo espiritual», inició una serie de reformas políticas y sociales. Su sucesor (elegido en 1951), el coronel Jacobo Arbenz, profundizó tales medidas y en 1952 inició un importante proceso de reforma agraria que afectó seriamente los intereses de la empresa estadounidense United Fruit, la cual tenía sólidos lazos con la administración del presidente Eisenhower. Sosteniendo que se trataba de un gobierno comunista, Estados Unidos comenzó a operar entonces para desestabilizar al gobierno de Arbenz, culminando en un golpe de Estado al mando del coronel Carlos Castillo Armas en 1954.
También tuvo una fuerte influencia en el pensamiento latinoamericano el gobierno popular de Juan Domingo Perón en Argentina, derrocado por un golpe militar en 1955. De hecho, Castro se encontraba en Bogotá en el año 1948, promocionando un encuentro estudiantil peronista, cuando participó en el llamado "Bogotazo" que estalló luego del asesinato del caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán.
La caída de los gobiernos de Jacobo Arbenz y Juan Domingo Perón llevó a amplios sectores nacionalistas de América Latina a abandonar la «vía democrática» para realizar reformas sociales y a exacerbar los sentimientos contrarios al imperialismo estadounidense. El antiimperialismo se convirtió en una posición política generalizada en las fuerzas políticas de las izquierdas latinoamericanas, con fuerte influencia de la URSS.

- SMITH ALEJANDRA PINTO GRAZON
11-3
Dictadura
militar en Panamá
Panamá tuvo una dictadura
militar por 21 años desde que se dio el golpe de estado al presidente Arnulfo Arias Madrid el
11 de octubre de 1968 liderada por los coroneles Boris Martínez, José H. Ramos
Bustamante y el general Omar Torrijos Herrera,
sin embargo, en comparación con muchas dictaduras latinoamericanas, no
era comunista, sino que era un "proceso revolucionario" para
acabar con la burocracia y el mal gobierno que ese entonces estaba en el país.
Se controlaron los medios de comunicación, pero se crearon nuevas leyes y una Constitución,
todo esto bajo la administración de Torrijos. En la época de Manuel Antonio Noriega la
corrupción y el cinismo se apoderaron del gobierno y una ola de oposición
política se desató y las malas relaciones con los Estados Unidos llevaron
a la invasión que llevó el fin del gobierno militar. Cabe resaltar
que durante la dictadura se llevó a cabo avances tecnológicos y políticos tales
como la televisión a color,
la computación, la mayor representación de Panamá en la política mundial,
los Tratados Torrijos-Carter que llevaron a la reversión del Canal de Panamá al
istmo y la mejoría del sistema sanitario, económico, educativo y social.
Antecedentes
El golpe de estado de 1931 que
derrocó al presidente Florencio Harmodio Arosemena fue
un hecho que hizo que la joven república estuviera en una crisis. Los gobiernos
militares de José Antonio Remón (el único
presidente panameño asesinado en funciones) y Marco
Aurelio Robles marcaron a Panamá como una nación
débil. El ex-presidente Arnulfo
Arias Madrid había sido depuesto dos veces: en 1941,
en su primer gobierno donde fue sustituido por Ricardo Adolfo de la Guardia y en
1951, en su segundo gobierno en que fue sustituido por Alcibíades
Arosemena. Ya se pensaba en el público nacional que sería
derrocado por tercera vez, pero no por militares.1
En las elecciones generales de 1968
habían tres candidatos: el ingeniero David Samudio Ávila, apoyado
por la coalición Alianza del Pueblo liderada por el Partido Liberal, Arnulfo Arias
Madrid, apoyado por la coalición Unión Nacional liderada por el Partido
Panameñista y el doctor Antonio González Revilla,
candidato del Partido Demócrata Cristiano. Después
de acusaciones de corrupción y compra de votos, Arias Madrid sale victorioso
con 41,545 votos, pero la elección no era de mucha importancia para el pueblo
panameño, porque como siempre, ningún presidente cumplía las promesas. El 1 de
octubre, cuando Arias tomó el poder, comenzó a presionar a la Guardia Nacional (nombre con que
se le conocía a la fuerza pública), obligó la jubilación del coronel Vallarino,
humilló al mayor Boris Martínez y envío a Omar Torrijos al exterior. Esto era
una razón suficiente para dar un golpe de estado.
El golpe
La noche del 11
de octubre de 1968, los militares se movilizaron y
arrestaron a muchos simpatizantes del presidente Arnulfo Arias mientras él
estaba en un cine local. Después los militares tomaron las radios del país y
dieron un comunicado con la voz de Omar Torrijos. El 12 de octubre, Boris
Martínez instauró una Junta Militar que se hiciera cargo de la nación.
Inmediatamente Arias se autoexilió hacia México y
después Miami. Después
Martínez y Torrijos pelearon por el poder en Panamá, ganando Torrijos
exiliandolo a Cuba. En el 12 de octubre de 1969, hubo un golpe interno en la
Guardia Nacional pero Torrijos ganó nuevamente consolidando su poder en el
país, y autodeclarandose Líder Máximo de La Revolución Panameña.
El gobierno militar utilizó su poderío
para neutralizar a la oposición inicial de los dirigentes comunales, del
movimiento estudiantil y de los partidarios de Arnulfo Arias que constituyeron
el entonces Frente Cívico. La represión a las manifestaciones masivas
encrudeció. Los militares incluso llegaron a ocupar y cerrar la Universidad de
Panamá y el Instituto Nacional. Esto provocó aún más encarcelamientos y generó
muertes en circunstancias extrañas y enfrentamientos armados.
Fin de la
dictadura
El 31 de julio de 1981 el
general Torrijos muere en un accidente de aviación, ocurrido en el Cerro
Marta, provincia
de Coclé.
Tras la muerte de éste, cuando el
gobierno se desestabiliza, la Guardia Nacional nombró a Rubén Darío Paredes
como jefe de gobierno y la Asamblea de Representantes eligió a Arístides Royo
como presidente de la República. Cuando Noriega tomó el poder, la economía y la
política panameña sufrieron tras las declaraciones anti-americanas del dictador.
Esto significó épocas de pobreza, corrupción y ataques a la población como
la Masacre de Albrook.
La invasión
Los estadounidenses dispusieron de 26
000 soldados de las unidades de élite, de los comandos navales, del ejército y
la 82.ª División Aerotransportada para
la invasión. Las Fuerzas de Defensa Panameña sumaban apenas 12 000 efectivos y
el país disponía de una minúscula fuerza aérea.
El ejército de los Estados Unidos
trasladó a Panamá a la 82.ª División Aerotransportada para
la operación militar, la cual contaba con 12 000 soldados. Las bases militares
estadounidenses en la riberas del Canal de Panamá, según el tratado
Torrijos-Carter que legalizaba la presencia militar en el istmo para la defensa
conjunta por ambas naciones de la vía acuática, contaba con un ejército de 12
000 efectivos, los cuales no participaron en la operación. Se llevó a personal
de inteligencia que estaba en entrenamiento, de los cuales el teniente Joseph
T. Alvertk falleció y Benjamin Taylor fue herido, dejando a cargo de ese grupo
a George Hershell.
Dos días antes del ataque, un soldado
estadounidense fue abatido cuando traspasó un retén frente al Cuartel Central
de la Guardia Nacional, lo que fue considerado como el detonante del conflicto.6 La
invasión inició la madrugada del 20 de diciembre de 1989 con el bombardeo de
múltiples instalaciones políticas y militares. El objetivo del ataque era
anular cualquier respuesta del ejército panameño. El bombardeo destruiría
aeropuertos y bases militares como el Aeropuerto Marcos A. Gelabert en Punta
Paitilla, el Cuartel Central en el barrio de El
Chorrillo, el Cuartel de Tinajitas, el Cuartel de Panamá Viejo, el
Cuartel de Los Pumas, la base militar de Río Hato (donde
funcionaba el instituto militar Tomás Herrera, que no
era en realidad una escuela de formación castrense) y la Base Naval de Coco
Solo.
La Fuerza Aérea de los Estados Unidos
utilizó armamento de última generación, como los bombarderos furtivos F-117
Nighthawk y los helicópteros de combate AH-64
Apache contra un ejército poco equipado. A pesar de la
alta tecnología del armamento estadounidense, se produjeron numerosas muertes
civiles al ser alcanzados muchos edificios no militares.7 El
ingreso de los soldados estadounidenses al barrio El Chorrillo terminó con
este, siendo particularmente incendiado y masacrado debido a su cercanía con la
Comandancia.
A pesar de las declaraciones hechas
por Noriega ante la Asamblea Legislativa días antes de la operación militar, no
hubo ninguna declaración
de guerra formal y la acción fue condenada por la Asamblea
General de la ONU y
por la Organización de los Estados Americanos. La
operación duró pocos días ante la superioridad del ejército ocupante y la poca
resistencia encontrada. Noriega logró escapar y buscó asilo en la Nunciatura
Apostólica. El 31 de enero de 1990 se entregaría a las fuerzas de ocupación y
sería puesto bajo arresto después de la operación
Nifty Package.
Guillermo Endara fue
nombrado presidente del país en una base militar de EE.UU. durante la
operación. En los días siguientes a la intervención, debido a la ausencia de
policía y ante la pasividad de las tropas estadounidenses, se produjeron en
varias ciudades saqueos y actos de vandalismo que aumentaron las pérdidas
materiales.
FABIÁN SUÁREZ 11-3
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